La matanza (por Lola Díaz)

    Entre los meses de enero y febrero se hacían en la aldea matanzas caseras: eran guarros que criaban los vecinos para consumo propio. En primer lugar, yo desconozco muchos aspectos de este menester, pero sí asistí a algunas, hace ya unos años.

    Eran bien temprano, con mucho frío; participaban la mayoría de los vecinos que en esos años vivían en Navahermosa. Lo primero era sacrificar al animal, tarea que realizaban en general los hombres. Todo era sincronización: un matarife era el encargado de la suerte del animal, entre tanto una mujer cubo en mano y un palo estaba preparada para recoger la sangre. Todo se aprovecha. Recuerdo a Javiera, o Javiela, como se le decía; era la encargada de ello. La sangre no se podía dejar de mover. Posteriormente, con una planta ya seca llamada carquesa, la cual se quemaba y se le pasaba al guarro ardiendo por lo alto para quemarle los pelos.

    El frío de la mañana se paliaba con pacharán, aguardiente y otros licores, acompañado de dulces. Era una hermandad, un intercambio.

    Las mujeres se iban a lavar las tripas al arroyo unas veces, otras a Fuenteheridos, a la lieva de la entrada. Las manos heladas por el frío, pero era un trabajo que había que hacer.

    Posteriormente se despiezaba el guarro según las partes; otra vez, esa organización, en este caso por las mujeres, entre baños, cucharros grandes de corchos y artesa, se separaban las distintas partes troceadas que más tarde se utilizarían unas para las chacinas, otras para consumo de carne.

 


     Recuerdo a Javiela, como he mencionado, siempre así, como agachada, a Remedios, Marisa, Josefina, Mari, Josefa, Quintina, ... Todas sabían qué hacer. Era un trabajo encadenado y perfecto.

    Al otro día se rellenaban las distintas chacinas, morcillas, chorizos, salchichón, etc. El olor era embriagador, olía a cominos, pimentón, azafrán y mucho más. Otra vez trabajo en equiò y armonía.

 


     Fue un privilegio asistir a esta costumbre ancestral de los distintos pueblos de esta sierra. Espero que estas letras sirvan como homenaje a esos vecinos que participaban en ella con esa camaradería y saber de años de experiencia.

 

LOLA DÍAZ

 



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